Columna

La viejecita enferma

Por Gil Gamés

Entremos en materia. Gil coincide plenamente con la maestra Elba Esther Gordillo: “Tengo que vivir, tengo que hacer cosas, está mi familia, mi historia. No sé si me fui. Es más, creo que nunca me he ido.” Gamés quiere vivir y no sabe si va o viene. Su periódico El País presenta una entrevista de Javier Lafuente a Elba Esther Gordillo: “Hay mucho que decir. Vuelvo porque hay una historia que no ha terminado. Mi intención es incidir en que en México se realice lo que hemos soñado los trabajadores durante mucho tiempo.” No se lo tomen mal a Gil, pero si se trata de quedarse con el SNTE, su poder político y sus dineros, el regreso vale la pena, Gil también quiere regresar. Y volver, volver, volveeer, a tus brazos otra vez.

La sinceridad de Elba (así le decimos sus amigos) se ha blindado contra la deslealtad: “Estoy convencida de que no es necesario un cargo para alzar la voz y decir lo que se cree. Yo quiero ser una voz actuante, vigente y comprometida con la transformación del mundo sindical mexicano. ¿Querer volver a ser lo que fui? No necesariamente.” Pues no necesariamente, si ya tiene nuevo partido político. Oigan y, por cierto, ¿esta es la viejecita enferma, presa política, mujer transparente, sindicalista inmaculada. Es que de veras, ¿a todos los defensores de Elba (así le decimos sus amigos) no se les cae la cara de vergüenza? No, puesto que Gil no ve en las calles caras tiradas por aquí y por allá.

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